Antes de los siete títulos de Fórmula 1, antes de McLaren y de Mercedes, hubo un kart de segunda mano bajo un árbol de Navidad en Stevenage. La historia de Lewis Hamilton en el motor empieza en una pista de karting, como la de tantos otros campeones, y merece la pena contarla con algo más de detalle de lo que suele quedar en los titulares.
Un kart bajo el árbol de Navidad
Lewis Hamilton empezó a competir en karting en 1993, con solo seis años, después de que su padre, Anthony Hamilton, le regalara un kart de segunda mano por Navidad. No era un capricho cualquiera: la familia no tenía recursos de sobra, y esa decisión marcaría los años siguientes de todo el núcleo familiar. Desde el primer momento, el pequeño Lewis mostró una velocidad y una competitividad que llamaban la atención de quienes le veían correr en las categorías cadete británicas.
El progreso fue rápido. En pocos años pasó de ser un debutante más en la parrilla a convertirse en una referencia dentro del karting infantil británico, un circuito competitivo donde cada fin de semana se disputaban títulos regionales y nacionales ante un público exigente y muy conocedor del deporte.

Campeón nacional a los diez años
A los diez años, Hamilton se convirtió en el piloto más joven en ganar el campeonato británico de karting en categoría cadete, un hito que ya anticipaba lo que vendría después. No se trataba de un éxito aislado: encadenó títulos nacionales e internacionales en distintas clases durante sus años de formación, construyendo un currículum que pronto empezó a atraer miradas más allá del circuito de turno.
Ese ritmo de resultados es clave para entender lo que pasó poco después: en el karting británico de los años noventa, ganar de forma sistemática en categorías cadete no garantizaba nada por sí solo, pero sí abría la puerta a que los ojeadores de los grandes equipos se fijaran en un piloto. Y eso es exactamente lo que ocurrió con Hamilton.
El encuentro con Ron Dennis en los Autosport Awards
La escena se ha contado tantas veces que ya forma parte del folclore de la Fórmula 1: en los Autosport Awards de 1995, un Hamilton de diez años, ya campeón nacional cadete, se acercó a Ron Dennis, entonces jefe de McLaren, y le dijo que algún día quería correr con sus coches. Dennis, sin comprometerse a nada pero sin cerrar la puerta, le respondió con una frase que se ha repetido desde entonces: que le llamara dentro de nueve años y entonces verían qué podían hacer.
No hizo falta esperar tanto. El interés de McLaren por el joven piloto se mantuvo activo desde ese momento, y en 1998, con solo doce años, Hamilton fue incorporado al programa de jóvenes pilotos de McLaren-Mercedes. Fue el principio de una relación que duraría más de una década y que acabaría llevándole, en 2007, a debutar en Fórmula 1 con el mismo equipo al que se había presentado siendo un niño.
El sacrificio de una familia
Detrás de cada título de karting hubo también un esfuerzo económico considerable por parte de la familia Hamilton. Anthony Hamilton, el padre de Lewis, llegó a compaginar varios trabajos a la vez —entre ellos vendedor de ventanas, friegaplatos e instalador de carteles para inmobiliarias— para poder financiar la carrera deportiva de su hijo, en una época en la que el karting de competición, con sus motores, neumáticos y desplazamientos constantes, ya suponía un gasto considerable para cualquier familia sin patrocinadores.
Esa combinación de talento evidente y sacrificio familiar es, de hecho, uno de los relatos más repetidos en el karting de base: antes de que lleguen los contratos y los patrocinios, son las familias las que sostienen económicamente los primeros años de cualquier piloto con proyección.

El año perfecto: campeón de Europa y del Mundo en 2000
La temporada 2000 fue, probablemente, la cima de la etapa de Hamilton en el karting. Compitiendo en la categoría Fórmula A con el equipo CRG-Parilla, se proclamó campeón de Europa con la máxima puntuación posible, por delante de un compañero de equipo que también acabaría llegando a la Fórmula 1: Nico Rosberg, que terminó segundo en aquel campeonato. En la misma temporada, Hamilton también se llevó la Copa del Mundo de karting, cerrando un año que consolidó su estatus como una de las mayores promesas del karting europeo.
Ese doblete de 2000 no solo fue un logro deportivo: sirvió también como confirmación, de cara al propio McLaren y al resto del paddock, de que el interés mostrado años antes en los Autosport Awards tenía fundamento.
El salto a los monoplazas
El karting de Hamilton se cerró a finales de 2001, después de unos ocho años de competición, cuando dio el salto a los monoplazas disputando la Fórmula Renault 2.0 Winter Series con el equipo Manor Motorsport. A partir de ahí, su progresión por las categorías inferiores del motor europeo fue constante, hasta llegar a una temporada de GP2 en 2006 que terminó de convencer a todo el paddock de que estaba listo para la Fórmula 1.
En 2007 debutó con McLaren junto al entonces vigente campeón del mundo, Fernando Alonso, y firmó una de las mejores temporadas de rookie en la historia de la categoría. El resto, con siete títulos mundiales en su palmarés, es historia conocida de la Fórmula 1 moderna.
Lo que deja la etapa de Hamilton en el karting
La historia de Lewis Hamilton en el karting resume bastante bien por qué esta disciplina sigue siendo la puerta de entrada casi obligatoria para cualquier piloto que aspire a la Fórmula 1: es donde se detecta el talento bruto, donde se forja la mentalidad competitiva y donde, muchas veces, se libra la primera gran batalla, la económica, antes incluso de la deportiva. Ocho años de karting, un título nacional a los diez años y un doblete europeo y mundial a los quince acabaron siendo la base de una de las carreras más exitosas que ha visto la Fórmula 1.
Revisado por la redacción de GoKarting antes de publicarse.



